El día de la Transfiguración

Capilla de la Magdalena

Almanaque Gnóstico

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El día de la Transfiguración

El 6 de agosto es el día de la Transfiguración. Fue en estos días que Ieshuah condujo a sus discípulos hacia la montaña donde se transfiguró; su faz brilló como el sol y sus vestiduras se tornaron blancas como la luz (Mateo 17:3). Esta imagen de Ieshuah rodeado y pleno de Luz habla de restauración de la vida humana con el Pleroma o la Vida Divina. Con esta imagen hacemos la promesa de que seremos restaurados en el Pleroma dentro del proceso de la Gnosis.

Lecturas

2 Pedro 1:16-19 (BLP)

Cuando os anunciamos la venida gloriosa y plena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos como si se tratara de leyendas fantásticas, sino como testigos oculares de su grandiosidad. Él recibió, en efecto, honor y gloria cuando la sublime voz de Dios Padre resonó sobre él diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.” Y nosotros escuchamos esta voz venida del cielo mientras estábamos con el Señor en el monte santo.

 Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que haréis bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en vuestros corazones.

Mateo 17:1-9 (BLP)

Jesús tomó aparte a Pedro y a los hermanos Santiago y Juan y los llevó a un monte alto. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. En esto, los discípulos vieron a Moisés y Elías conversando con él. Pedro dijo a Jesús: «¡Señor, qué bien estamos aquí! Si quieres, haré aquí tres cabañas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Aún estaba hablando Pedro, cuando quedaron envueltos en una nube luminosa de donde procedía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo.» Al oír esto, los discípulos se postraron rostro en tierra, sobrecogidos de miedo. Pero Jesús, acercándose a ellos, los tocó y les dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.» Ellos alzaron los ojos, y ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis esta visión a nadie hasta que el Hijo del hombre haya resucitado.»

Tomás 84

Dijo Jesús: «Cuando contempláis lo que se os parece, os alegráis; pero cuando veáis vuestras propias imágenes hechas antes que vosotros —imperecederas y a la vez invisibles—, ¿cuánto podréis aguantar?».

Comentario

El día de la Transfiguración

La escena de hoy, es la misma que leíamos el segundo domingo de Cuaresma, pero hoy la vemos desde otra perspectiva. En estas épocas estivales donde estamos bañados por la Luz, y tal como nos anuncia el almanaque, se trata de enfocar el tema hacia la restauración con el Pleroma o la Vida Divina.

Pedro nos da testimonio en su carta de esta visión y debió de gozarla mucho cuando mientras acontecía deseaba construir unas cabañas para no abandonar jamás el momento.

Seguramente, algunos de los que me siguen se pregunten: ¿mediante qué práctica se podría conseguir el acceso al Pleroma?

Tomás nos pregunta: ¿qué haremos cuando contemplemos muestras propias imágenes hechas antes que nosotros? ¿Cuánto podremos aguantar?

Démonos cuenta de una cosa: En primer lugar, Jesús no realiza esta transformación ante una gran multitud como en el caso de algunos milagros o sermones. Tampoco la hace delante de sus seguidores más allegados. Ni siquiera frente a los que Él eligió como apóstoles. La hace frente a tres elegidos para verla. Además, cuando bajan del monte les prohibe contárselo a nadie. Y esto es así porqué al ser el conocimiento de las cosas de Dios (Gnosis) un conocimiento que no se adquiere más que por Revelación Divina y que se desvela progresivamente, no todos los individuos están preparados a un mismo tiempo para el mismo nivel de comprensión y lo que para unos es un avance para otros puede ser un retroceso cuando no una ofensa (de aquí surgen luego las acusaciones de herejía, las hogueras, la Santa Inquisición.)… Muy probablemente no todos los ojos estaban listos antes de la resurrección para ver a Jesús convertirse en el Cristo.

Del mismo modo, ni existe una práctica instantánea para conseguir el acceso al Pleroma, ni una palabra masónica mágica, ni una absolución que te abra las puertas del cielo … , ni ningún otro remedio que no pase por una muerte del ser carnal y una resurrección del ser espiritual por medio de la Gracia Vivificadora de la Espíritu Santo a través del Cristo que habita en nosotros.

¿Cuánto podremos aguantar? ¿Cuánto podremos aguantar cuando tomemos consciencia que el pleroma está en nosotros y nosotros en Él?, ¿Cuánto podremos aguantar cuando nos demos cuenta que la Luz no ha dejado de brillar ni un instante mientras nosotros estábamos en tinieblas? ¿Seremos capaces de arrancarnos la venda de los ojos y vivir en la Luz o preferiremos seguir en la oscuridad?

Plegaria

Dios nuestro, que en la transfiguración gloriosa de tu Hijo confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas y prefiguraste admirablemente la perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos que, escuchando la voz de tu Hijo amado, merezcamos ser coherederos suyos.

Él, que vive y reina contigo en la unidad de la Espíritu Santo, y es Dios, por los eones de los eones…

Amén.

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